El día que nos quitamos el traje de Cenicienta.

Video de ProyectoVinotinto.

David De Pasquale (@Dave_51) – En días recientes, en los cuales la “identidad” ha sido el tema de conversación al referirnos a nuestra selección nacional, es difícil no recordar, sobre todo para quienes seguimos a la Vinotinto desde hace mas de 15 años, un término que, en el pasado, siempre salía a relucir cuando se hablaba de Venezuela en el ámbito futbolístico: “Cenicienta”.

Quienes siguen a la selección desde hace poco tiempo (post-Boom Vinotinto), y para los más jóvenes, quizá podría parecer que estamos hablando de la prehistoria. Pero no. Hace tan poco como 10 años, Venezuela era ampliamente conocida como “La Cenicienta del Futbol Sudamericano”. Éramos esa selección a la cual todos querían enfrentarse en eliminatorias, ya que representábamos los tres puntos seguros para cualquier rival.

Generaciones de futbolistas talentosos pasaron por nuestra selección sin poder cambiar esta realidad, ya sea por las deplorables condiciones logísticas y de trabajo ofrecidas por la FVF, o simplemente por la clara superioridad de los rivales en aspectos que trascendían a lo que sucedía dentro del rectángulo de juego. Estas cosas hacían que cualquier resultado positivo que se consiguiera en competencias oficiales, incluso un empate, fuese visto como un acto heroico.

La llegada de Richard Páez a la dirección técnica de la selección nacional en 2001, tras su exitoso paso por Estudiantes de Mérida, al cual llevo a cuartos de final de la Copa Libertadores de 1999, significó el comienzo de un cambio radical en la mentalidad del jugador venezolano de la época.

Tras su debut en el banquillo Vinotinto el 28/3/2001, en la goleada 5-0 propinada por Argentina, ese cambio comenzó a notarse. Venezuela empató 2-2 ante Colombia, en un partido que los vinotintos estuvieron ganando 2-0 casi hasta el final, pero que debido, en parte, a la falta de oficio, se dejaron empatar.

Pero sería tras la caída estrepitosa en La Paz, 5-0 ante Bolivia, que Venezuela empezaría sorprender a propios y extraños, venciendo en jornadas consecutivas a Uruguay 2-0 en Maracaibo, Chile 0-2 en Santiago (Primera victoria de visitante en la historia de la Vinotinto en competencias oficiales), Perú 3-0 en San Cristóbal, y Paraguay 3-1 también en San Cristóbal.

Sin embargo, con esos resultados, Venezuela aun no lograba desligarse de ese incomodo lastre que suponía el apodo de “Cenicienta”, puesto que, para la opinión de algunos, las victorias obtenidas se habían logrado ante rivales que ya no tenían nada por qué luchar, bien por estar ya clasificados al mundial, o bien por estar fuera de cualquier probabilidad matemática.

Esa historia dio un vuelco hace exactamente 7 años, el 31 de marzo de 2004. Venezuela venia de un buen arranque en las eliminatorias hacia el mundial Alemania 2006, obteniendo 6 puntos de 12 posibles, gracias a sufridas victorias ante Colombia 0-1 en Barranquilla, y ante Bolivia 2-1 en Maracaibo. Y debía enfrentar a Uruguay en el Estadio Centenario de Montevideo.

Los celestes llegaban con los humos altos. Habían logrado 7 puntos de 12 posibles, el último de ellos nada más y nada menos que ante el vigente campeón mundial, Brasil, en un partido jugado en Curitiba y que finalizo 3-3.

El choque entre Uruguay y Venezuela, en condiciones normales, no hubiese levantado demasiadas expectativas, pero el DT celeste, Juan Ramón Carrasco, decidió crear un ambiente de presión, originalmente dirigido hacia el conjunto venezolano. En unas recordadas declaraciones a la prensa, y en las cuales se hacía referencia al flamante avión Vinotinto, dejó una frase para la historia: “Necesitaran otro avión para la cantidad de goles que se van a comer”, y remato con “Llegaremos 15 veces al área y haremos 6 goles”.

La prensa uruguaya también puso de su cosecha, publicando alineaciones titulares antes del partido, en las que figuraban el once de Uruguay, y en el lugar que se suponía debía ocupar Venezuela se sustituía por una frase lapidaria: “No existís”. Estos factores se juntaron para que la selección de Venezuela, que siempre mantuvo un bajo perfil, se preparara para dar una cachetada a la historia.

Y ante un Estadio Centenario abarrotado, Venezuela se despojó finalmente, y ante la mirada de toda Sudamérica, del traje de Cenicienta con el cual cargó durante décadas. Jugando quizá el mejor partido de su historia, irrespeto al histórico Uruguay, y le dio una lección de humildad a sus jugadores y cuerpo técnico jamás olvidarían. Juan Pablo Varsky, conocido periodista argentino, calificó el estilo de los Vinotinto en ese juego con la siguiente frase: “Venezuela le ha dado un cachetazo histórico a la Celeste jugando ‘Futbol Champagne’”.

Gabriel Urdaneta, Héctor González y Juan Arango silenciaron con sus goles a un país que aun veía en nuestra selección los tres puntos seguros de la eliminatoria. Y con ello le demostró a ellos y al resto del continente que nuestra selección estaba preparada para luchar por un cupo al mundial de futbol.

En nuestro país, esta fecha siempre será recordada como el día que dejamos de ser “La Cenicienta de Sudamérica”, para convertirnos en la Vinotinto que hoy conocemos. La que puede jugar de “tu a tu” con cualquiera. La que lucha de igual a igual para conseguir cupos mundialistas.

Aunque el triunfo en sí no represento, en lo deportivo, más que los tres puntos se consiguieron, y que al final de la eliminatoria no nos alcanzaron para llegar a Alemania 2006. Siempre será valorado como el punto de quiebre en la historia, que cambió para siempre la mentalidad del colectivo Vinotinto.

Fragmento de Vinotinto la pelicula.


Video de ArcangelDelVino.

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