La vida en un minuto y medio.

Si usted es venezolano, o ha vivido en Venezuela desde hace algún tiempo, sabrá que una de las pasiones que mueven a los habitantes de este país, son los mundiales de fútbol. Este magno evento siempre ha contado con amplia cobertura de los medios de comunicación y seguimiento por los aficionados del fútbol en todo el mundo. Pero en Venezuela tiene el elemento especial de la tradicional ausencia de nuestra selección nacional, motivo por el cual, ya es costumbre que los aficionados venezolanos se sientan atraídos a apoyar a selecciones de otros países, siendo común verles luciendo banderas y uniformes de esas naciones.

Se podría discutir si esto es malo o no, pero el hecho es que Venezuela nunca había participado en un mundial de fútbol, al menos hasta el día de ayer en el cual nuestra selección sub-20 hizo su debut en la cita mundialista que se lleva a cabo en Egipto.

Los que seguimos a la selección nacional de Venezuela desde aquellas épocas en las que éramos considerados “la cenicienta” del continente, siempre hemos visto los mundiales, imaginando (o quizás soñando despiertos) como viviríamos el momento en el cual nuestra “vinotinto”, alineada en el campo de juego, entona las notas de nuestro himno nacional, sin poder evitar preguntarnos si viviríamos para ver ese momento de máxima expresión de nuestra nacionalidad hecho realidad.

Ayer sucedió finalmente, un momento esperado, soñado por los aficionados del fútbol nacional. Cuando comenzaron a sonar las notas de nuestro glorioso himno, caímos en cuenta que era el día más importante del fútbol venezolano.

Ese minuto y medio, fue vivido con mucha intensidad, quien escribe estas líneas, como seguidor de la selección desde hace 16 años, no pudo evitar soltar las lagrimas, tal vez por la acumulación de sentimientos y pensamientos que se agruparon en ese corto espacio de tiempo, recordando los momentos dolorosos, las goleadas, las humillaciones de los contrarios, generaciones de futbolistas que han representado a nuestro país y que no pudieron realizar el sueño de llegar a un mundial, recordando los buenos, aunque escasos, momentos de alegría que se vivían, como aquellos goles de Dolguetta y “Pochito” Echenauzi en ese heroico empate a 3 goles ante EE.UU. en la Copa América de 1993, que siendo un niño comenzó a sembrar en el, ese sentimiento vinotinto. Recordando la metamorfosis experimentada por nuestra selección en los últimos 10 años, que paso de ser “la cenicienta”, a ser un equipo aguerrido que puede pelear por un cupo mundialista.

Años de recuerdos encapsulados en solo minuto y medio, y todos nuestros sueños representados en ese grupo de jóvenes venezolanos que ayer debutaron en el mundial sub-20 con una gran victoria. Una selección juvenil que de a poco está construyendo el camino a una clasificación al mundial de mayores. Y escribiendo paginas gloriosas de una historia vinotinto, que una vez estuvo llena de amarguras.

Gracias a estos chicos, finalmente podemos decirlo con orgullo. ¡Somos mundialistas!. Ya no es un sueño, es una dulce realidad.

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