La fiesta inolvidable


Pude llegar bien temprano al Olímpico para observar por completo su transformación, desde coso inhóspito, pasando por su cara de fortín infernal y sobrecogedor (que nunca se había mostrado con tal vehemencia), para terminar en fiesta colectiva tras una faena que muchos calificaron de multi orgásmica.

Pero no todo se quedó en el fervor de una grey que como nunca se hizo presente, gritó, saltó y empujó a un equipo que necesitaba “una noche mágica” (como esas que, salvando las distancias, tienen los grandes equipos europeos), una celebración colectiva que terminara de arraigar la semilla que el Caracas viene sembrando desde hace ya dos años y medio.

El que tenía que hacer su parte, manteado por ese público, cumplió. Y de sobra. Desde el punto de vista más pragmático, al Caracas le bastaba con el 1-0 para meterse en cuartos, sin embargo, un marco humano tan inspirador no merecía tan rácana suerte. Y así lo comprendieron los muchachos de Noel Sanvicente, que actuaron en consecuencia.

Desde el inicio, trabado, con poco brillo, ambos equipos salieron en pos de la redonda y con la meta en el arco rival. Fue el de casa el que pego primero, de la mano de un jugador que, pese a sus limitaciones tácticas (dadas precisamente por un físico que le ha llevado el apodo de “El Tanque”) es todo corazón, y ayer se vistió de guerrero heroico. Emilio Rentería estuvo “poseído” anoche, colocando el balón que le permitió a Darío Figueroa crearse un penalty que no daba lugar a dudas. El propio argentino, se encargó de “abrir la lata”, desde entonces, y tras la primera explosión jubilosa de la grada, la historia del partido cambió.

Figueroa y Gómez estuvieron a otro nivel, controlaron los hilos de la ofensiva en tanto que Vera, el sempiterno capitán, estuvo soberbio pese al golpe que recibió en el sembradío de arroz de Cuenca. Anuló a Matamoros y cortó el circuito ecuatoriano él solo. En tanto que la defensa si bien lució algo floja, contó con un Reny Vega que anoche tapó un par de balones que tal vez hubiesen cambiado las cosas. Pero él también quería ser parte de la fiesta, y estuvo genial en dos intervenciones claves de partido.

Luego, el poseso Rentería galopó por la banda derecha y se vistió de Beckham para colgar un centro perfecto que conectó de cabeza “el guey” Rodrigo Prieto para el 2-0 y propiciar el estallido definitivo del estadio universitario. Una conexión de Catia a Guadalajara sin escalas, que dejaba todo servido para una clasificación más que merecida.

Pero hubo más. “El Venado” quería unirse a la fiesta, no sólo como colaborador principal de una noche histórica. Su sablazo de 30 metros a los cinco minutos de haber arrancado la segunda parte, recordó a aquellos días del sub-17 en Arequipa, donde le marcó a Paraguay un tanto de factura similar. La diferencia es que esta vez era en casa, y frente a un respetable que lo ha manteado y querido siempre, tal vez precisamente por que a pesar de sus carencias, ya lo decía, Emilio es un jugador entregado, de esos que corre (a veces demasiado y sin sentido), brega, lucha y empuja. Y la grada se lo reconoce y le estima.

El otro consentido del equipo, por su don de mando y calidad, decidió que era su momento de aportar, y lo hizo con su marca de fabrica. Rey le atinó de falta directa a falta de 15 minutos para el final del choque, cuando ya corría más la cerveza y el jolgorio en la grada que el propio Cuenca, que se encontraba mermado y ausente en la segunda parte, arrollado por una marea roja que lo dejó sin aliento, sin vida.

Cuatro goles que son una reivindicación para una ciudad a la que se le castigó dejándola sin selección, que ha creado a pulso una afición por el balompié, que ha entendido que el equipo de su cuidad necesita de ese aliento, de ese apoyo incondicional; y que comprendió además no sólo se va al estadio cada nueve meses, cuando hay béisbol.

Un lleno que reivindica a un club que se ha titulado nueve veces, en su mayoría con el estadio lleno sólo de familiares y amigos, con una escasa asistencia, poco cónsona con su historia. Reclama el respeto a un entrenador que fue manoseado por un grupo de gángsters cuando se le presentó la oportunidad de dirigir a la selección, y para un grupo de jugadores que han trabajado sin cesar desde el primer día de la pretemporada, por allá en julio del año pasado.

Pero, por encima de todo, otorga el permiso para que (así como lo hicieran Minerven, Estudiantes y Táchira) los venezolanos, carentes de alegrías por nuestra convulsa actualidad, tengamos permiso para seguir creyendo en el sueño copero, al menos, un par de semanas más. Lo de anoche, como la pelicula de Peter Sellers, fue sin dudas, una fiesta histórica, sencillamente inolvidable.

Artículo cortesía de: Pablo García Escorihuela
Esta columna puede ser leida también en: http://www.somos10.com

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